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¿Hacer más simulacros?

La celebración de ejercicios de simulacro de repliegue-evacuación con hipótesis de sismo se ha vuelto cotidiana y predecible en la zona central del país. Para algunas personas, ya es tedioso e innecesario cada 19 de septiembre, en un horario establecido y conocido por todos, repetir el ritual de interrumpir sus actividades para salir de los edificios y pararse, en la zona de menor riesgo, en espera de que alguien les diga: “Lo hicieron muy bien; gracias por participar en el simulacro, ya pueden retornar a sus actividades normales.”

Sin embargo, aunque pueda ser tedioso para algunos, practicar procedimientos de emergencia no es intrascendente. Al contrario, son fundamentales para ensayar los protocolos de evacuación; evaluar la capacidad de respuesta y organización de la Unidad Interna de Protección Civil (UIPC) y las Brigadas de Emergencia adscritas al inmueble; actualizar y probar el Plan de Emergencia; verificar la coordinación con las autoridades locales; identificar condiciones de riesgo al interior y exterior; confirmar la disponibilidad de recursos y equipo de emergencia; fomentar la cultura preventiva y, lo más importante: retroalimentar los resultados y hallazgos del simulacro, primero al interior de la UIPC, luego a todo el personal y se conozca la experiencia en cada piso o área de trabajo, para mejorar la respuesta.

El numeral 2.25 de los Términos de Referencia para la elaboración de Programas Internos de Protección Civil (PIPC) para establecimientos mercantiles, industrias o inmuebles obligados de la CDMX, los define como “una simulación de las acciones de respuesta previamente planeadas con el fin de observar, probar y corregir una respuesta eficaz ante posibles situaciones reales de emergencia o desastre”.

Si un simulacro se realiza sin planeación, sin criterios preventivos, sin objetivos precisos, sin documentación, sin involucramiento de las áreas y sin campaña de difusión y retroalimentación al respecto, estos ejercicios preventivos pierden su razón de ser. De ahí la percepción de intrascendencia y molestia de algunas personas, ya que no alcanzan a enterarse de cuál es la razón y finalidad de estos procedimientos.

En el EDOMEX, por ejemplo, se cuenta con la Norma Técnica NTE-001-CGPC-2016. Ahí se establecen los lineamientos y especificaciones para la elaboración del PIPC. En su numeral 6.2.21, indica que los simulacros forman parte del PIPC y deben realizarse cada seis meses (en campo) y uno de gabinete cada año. También se debe incluir la evidencia de su realización (cédulas de evaluación, fotografías, etc.) como parte del PIPC.

Finalmente, realizar un simulacro es una valiosa oportunidad para aprender y ser conscientes de la vulnerabilidad humana, de la fuerza y contundencia de la naturaleza; así como de la posibilidad siempre presente de que un error, una falla en la operación o un hecho desafortunado pueda cambiar la vida de las personas dentro de una organización. Por eso es mejor prevenir y practicar simulacros. Esto es Protección Civil. ¡Feliz fin de semana!

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